SÍNDROMES CERVICALES
 

Los síndromes dolorosos que se localizan en la región cervical y los que abarcan además zonas cuya inervación corresponde a los nervios cervicales, o se acompañan de síntomas que pueden estar en relación con el simpático cervical, o con la arteria vertebral; la medicina los atribuye, generalmente, a alguna lesión de la columna cervical.

En la práctica clínica comprobamos que los casos más corrientes no corresponden a ninguna etiología reumática, infecciosa, tumoral, congénita ni traumática; y aunque habitual mente se consideran de orígen artrósico, su verdadera naturaleza no está bién establecida.

Es común ver en las órdenes médicas el diagnóstico de artrosis cervical, nuestras dudas comienzan ya en la anamnesis al comprobar la edad del paciente, y se reafirman al ver las radiografías.

También es común en las derivaciones observar como diagnóstico un síntoma.

Al desconocer el mecanismo completo y los eslabones fundamentales de la determinación de estos síndromes, no se hace una clasificación etiógica o patogénica, solo una clasificación clínica. A veces esta clasificación no ofrece dificultades y su diferenciación es simple: cervicalgia, síndrome cervicocefálico, neuralgia cervicobraquial, síndrome vertebrobasilar.

Pero muchas otras veces el cuadro se complica con las formas mixtas.

El hecho que la artrosis se halle ausente en la mitad de los casos, la evidencia de que la artrosis es común a partir de la edad media, la gran incidencia de las cervicalgias en la juventud, y que la proporción de los pacientes con y sin artrosis sea casi la misma, nos lleva a pensar que dicha afección desempeña un papel poco importante o decisivo en la causalidad del dolor cervical.

Según estadísticas la influencia de la artrosis en las cervicalgias es menos de un 18%, o sea que más de un 80% no está influenciada por dicha afección. Por supuesto aceptamos que la artrosis es un factor predisponente, aunque sabemos diferenciar el dolor artrósico, sordo, crónico, de ese otro agudo que vemos comunmente en el consultorio.

Respecto a la edad y el sexo, en la gráfica de la estadística realizada por Rotés Querol observamos que el máximo de frecuencia se halla entre los 35 y 45 años, con gran predominio del sexo femenino.

En otra casuística, sobre 76 casos, 58 corresponden a mujeres. En los últimos años estos datos han variado, notándose un significativo incremento en personas mas jóvenes, en adolescentes. He tenido varios casos de niños entre 10 y 12 años, por supuesto que las causas son las exigencias de la vida actual.

Los síntomas son por todos conocidos: cervicalgia, cefaléas, hemicraneas, pesadez o dolor retroorbitales, parestesias en el vertex craneal, vértigo, mareos, inestabilidad, acúfenos, hipoacusia, trastornos de la visión, molestias laringeas, y/o bucofaríngeas, náuseas, vómitos. Desde la primera descripción de Barré, en 1926, el síndrome se le atribuye a una irritación del nervio cervical y/o la arteria vertebral provocada por la artrosis, y compresión por promi- nencias osteofíticas.

Es una explicación organicista que no tiene en cuenta otros factores, ni la existencia de un sujeto psíquico.

Si repasamos la anatomía topográfica veremos en la región de la nuca, en el tercer plano, el de los complexos, y en el cuarto de los rectos y oblicuos, la estrecha relación de estos músculos con la arteria vertebral y el nervio suboccipital mayor o de Arnold.

Al hablar de neuralgia occipital, o suboccipital de Arnold, los textos de medicina dan como causa: enfermedades medulares, procesos tumorales intraraquídeos, alteraciones de la columna como malformaciones, luxaciones, fracturas, artritis infecciosas etc., y por último forma ideopática.

Luego de 40 años de profesión he visto muchas neuralgias suboccipitales, y ninguna originada por las causas enumeradas, salvo esa llamada ideopática. Algunos autores tienen la honestidad de declarar que luego de haber realizado todos los estudios que llevan a descartar las causa antedichas, y al no hallar la etiología, hablan de “forma ideopática”, y consideran ideopática una forma clínica definida por la incapacidad de descubrir la etiología.

La realidad es que la mayoría de las cefaléas son provocadas no por trastornos orgánicos sino por conflictos psíquicos, casi siempre inconscientes y reprimidos que provocan modificaciones orgánicas pasajeras como contracturas musculares de nuca y cuello, así como reacciones vasomotoras.

Estas contracturas y alteraciones vasomotoras generan las cefaléas que la medicina denomina tensionales.

Según estadísticas realizadas en E.E.U.U. y Chile el 80% de los pacientes con cefaléas atendidos en servicios hospitalarios y consultorios privados son de orígen psicosomático.

En el interrogatorio el paciente manifiesta, comúnmente, sufrirlas más por las mañanas al despertar.

Esto podría explicarse porque durante el sueño disminuyen o desaparecen las barreras de la conciencia, que actuando como un verdadero filtro impiden, simulan, disfrazan las manifestaciones del inconsciente, el que liberado, se expresa simbólicamente en los sueños burlando así las resistencias del yo consciente y represor.

Si nos detenemos a interrogar al paciente sobre sus sueños nos encontraremos que los mismos son, generalmente, angustiantes y que no le permiten un descanso reparador, ya que despiertan varias veces en la noche.

Resumiendo y reiterando: la mayoría de los síndromes cervicales los observamos en personas jóvenes o de edad media y por causa tensionales. Hablamos de un fenómeno psicosomático, que en la actualidad ocupa un lugar preponderante en la larga lista de estas afecciones. Basta con observar, en la calle, la cantidad de personas haciendo gestos de dolor y lle vándose la mano al cuello.

Si empleamos el sentido común – que es el menos común de los sentidos – nos damos cuenta que el tratamiento indicado debe estar orientado principalmente a descomprimir esa zona cervical, ya que los músculos del tercer y cuarto plano de la nuca son los que comprometen con su tensión los nervios y vasos de la región desencadenando el síndrome que nos ocupa.

Pero sabemos que ésto es el efecto, y debemos llegar a la causa, y para ello es necesario
hablar y escuchar. Reitero lo dicho en los artículos anteriores (*) : el valor terapéutico de
la palabra.

Lamentablemente la situación actual nos lleva a un deterioro asistencial provocado por la falta de tiempo y a veces de capacitación.

En la primera página del primer tomo de la biblioteca Padilla de Semiología; el de Semiología general, el autor comienza con el capítulo “Interrogatorio” – al que le dedica 8 páginas, al apartado sobre el dolor 4 páginas donde incluye “exámen psíquico elemental” y “concomitantes psíquicos y físicos del dolor”.

Luego sigue un capítulo sobre “inspección”. Hoy no hay tiempo para estos dos capítulos, y los diagnósticos se hacen con estudios cada vez más complejos y a los profesionales se les enseña a leerlos, pero no se les enseña a escuchar e interrogar al paciente.

No hay tiempo para aquel famoso “… y que más…” , si nos lo hiciéramos, escucharíamos que atrás de esos síntomas hay un duelo, una angustia, un deseo reprimido o frustrado; y el concientizarlo junto al hecho que el paciente se sienta escuchado nos abre la puerta a un tratamiento exitoso.

Referente a lo kinésico, los buenos resultados obtenidos – en el 80% de los pacientes atendidos con síndrome cervical – me llevan a sugerir que luego de la fisioterapia con sus efectos hiperemiantes y antiinflamatorios por todos conocidos, una terapia manual consciente, es lo más indicado.

También aquí se nota que el reloj condiciona. Lo observo al ser consultado por pacien tes que ya han realizado tratamientos kinésicos y compruebo que en los mismos ha prevalecido la aplicación de equipos de electroterapia y prácticamente ninguna terapia manual, con el consiguiente fracaso.

Volviendo a la receta kinésica, la fisioterapia previa es muy importante, no sólo por los efectos antedichos, sino también por la relajación que permite al paciente prepararse psíquica y fisicamente para la kinesiterapia.

Baso el tratamiento, fundamentalmente, en la digitopuntura y los puntos a utilizar varían con los síntomas que presenta el paciente.

(*) Revista Científica Nº 11 – Nº 12
En los síndromes cervicales simples, con algias de nuca, cuello y cintura escapular trabajo os siguientes puntos, seleccionando los necesarios para cada caso en particular:
iD: 9 – 10 – 11 – 12 – 13 – 14 – 15

V: 9 – 10 – 11 – 12 – 13 – 14 – 36 – 37 – 38 – 39 – 40

TR: 14 – 15 – 16 – 17

VB: 19 – 20 – 21

VG: 13 – 14 – 15 – 16

Cefaléas y Vértigo
iG: 4

V: 6 – 7 – 8 – 9 – 10

VG: 18 – 19 – 20

VC: 12 – 15 – 24

Omalgia y Braquialgia
P: 1 – 2 – 5 – 6

iG: 4 – 5 – 6 – 7 – 10 – 11

C: 1

CS: 4 – 5 – 6 – 7 – 8
Complemento el tratamiento con moxas, electoacupuntura y ultrasonopuntura, principalmente en las braquialgias, meridiano de vejiga del punto 36 al 39. En omalgias 15 y 16 de i.G. Por las características del síndrome y los pacientes incluyo también puntos de acción sobre el psiquismo:
P: 5 – 7 – 9

C: 5 – 7

H: 2 – 3

VG: 20
Prosigo con la manipulación de partes blandas que detallo en mi libro “Técnicas Kinésicas” terminando con maniobras de elongación, estiramiento o liberación miofascial. Su objetivo es elongar esos tejidos tensionados y acortados para recuperar su función normal aliviando las molestias provocadas por las contracturas.

Debemos explicarle al paciente, con palabras sencillas, en que consisten las maniobras que vamos a realizar y así obtendremos su cooperación y la relajación imprescindible para
lograr el resultado satisfactorio.

Trabajemos CON el paciente, no SOBRE el paciente. También utilizo láminas anatómi cas para graficar mi explicación, y facilitar la comprensión, visualizando el porqué de las compresiones vasculares y nerviosas.

La terapia manual realizada alivia considerablemente los síntomas, y la relajación obtenida facilita la maniobra quiropráctica, si ésta fuera necesaria.

Insisto en la importancia de hablar con el paciente, explicarle su problema, desmitificarlo, quitándole el rótulo de enfermedad; y que asuma su responsabilidad siguiendo las indicaciones y realizando lo que denomino “un control evolutivo” : una sesión semanal o quincenal, para evitar recidivas.

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Luis Alberto Madormo
Kinesiólogo-Fisiatra
M.N.1074 - M.P.328

centrokinesico@ciudad.com.ar
www.centrokinesiconorte.com.ar
 
 

BIBLIOGRAFÍA:
Asenjo A. – Bustamante A. : “El dolor de cabeza y la corteza cerebral”
Garma Angel : “El psicoanalisis, teoría, clínica y técnica”
Madormo Luis A. : “Técnicas kinésicas”
Padilla Tiburcio : “Semiología general”
Rotés Querol J. : “El síndrome de Barré-Lieou y sus factores determinantes”
Roy Escofet D. : “Clínica y radiología de la columna cervical”
Testut L. – Jacob O. : “Anatomía topográfica”
Vazquez Gallego J. – Solana Galdámez R. : “Síndrome de dolor miofascial”
Wolf S. – Wolff H. : “Headaches, their nature and treatment”

 
 
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