Siempre he hablado de integración psicosomática. En mis clases, con mis pacientes, en mi libro “Técnicas Kinésicas”, hice hincapié, resalté la importancia del psiquismo en toda patología y su rehabilitación, aún en la traumática.
Pretendo avanzar un paso más y hablar de Kinesiología Psicosomática.
La clasificación o división de enfermedades en orgánicas y funcionales, entendiendo porfuncionales aquellas que dependen de los trastornos en el psiquismo, es una de las discusiones de la medicina en los últimos cien años.
Sigmund Freud, en su obra: ”La Interpretación de los Sueños”, de 1900, define y puntuali-za el concepto de Inconsciente, produciendo una revolución en la ciencia similar a la copernicana y darwiniana.
Galileo Galilei y Copérnico, con su teoría heliostática del sistema solar, y Darwin con la teoría de la evolución de las especies biológicas fueron los primeros en sacudir a la ciencia de su estatismo centenario.
Estas tres teorías revolucionarias: la copernicana, la darviniana y la psicoanalítica, dan origen a controversias porque hieren profundamente el narcisismo humano, heridas que tardan muchos años en cicatrizar. A la iglesia católica le llevó 370 años aceptar y perdonar a Galileo Galilei.
La teoría copernicana nos dice que la Tierra no es el centro del Univrso, la darwiniana descentró al sujeto biológico, y de tener procedencia divina pasa a ser un eslabón en la cadena de lo viviente. La teoría freudiana va mas allá al hablar del inconsciente y la sexualidad infantil. La teoría psicoanalítica produce un descentramiento de la conciencia, y habla de un sistema mas arcaico, diferente de la conciencia, que además la genera: el Inconsciente. Sostiene que la conciencia es incapaz de producir pensamiento porque se maneja con las percepciones que son falibles. El pensamiento es inconsciente.
En medicina estudiamos al ser humano desde un punto de vista anátomo-fisiológico considerando lo que vemos macro y microscópicamente, y un poco como Santo Tomás, nos cuesta aceptar lo que no vemos.
La medicina ortodoxa, por ejemplo, se resiste a considerar lo que en quiropraxia llamamos “disfunción vertebral”, ya que ese milimétrico desajuste de las carillas articulares vertebrales no es visible en los estudios radiológicos; y comprobamos, luego de una consciente inspección y correcta maniobra de ajuste, el resultado –a veces espectacular– con el alivio inmediato de los síntomas.
Algo similar ocurre con la Bioenergía, ya que en ningún texto de medicina occidental se
menciona la Energía, término con el que traducimos lo que en India se denomina Prana, en China Tch`i y en Japón Ki.
Esa Energía Universal, cósmica y vital que en nuestro organismo su desequilibrio nos lleva a la enfermedad. Pero éste es tema para otro artículo, volvamos a la kinesiología psicosomática.
La medicina organicista encara al paciente como una máquina, como un conjunto de pie-zas anatómicas con funcionamiento autónomo, llegando a la paradoja que, aún luego de haber estudiado en fisiología el “funcionamiento de los sistemas y su interrelación, en la práctica se enfocan los órganos casi aisladamente: corazón, estómago, bronquios, músculos, etc. Por supuesto, sin siquiera pensar en el psiquismo. Por ejemplo: en las afecciones músculoesqueléticas, de difícil comprensión, cada vez mas frecuentes en individuos jóvenes y con síntomas mas floridos (síndrome cervical) la medicina lo “resuelve” con antiinflamatorios, miorrelajantes, la kinesiología con
fisiolelectrokinesia. Son tratamientos sintomáticos.
Tratamos el síntoma sin pensar que el síntoma es el lenguaje del inconsciente. El inconsciente “habla” a través del cuerpo con el síntoma, y éste es mutante, se desplaza.
Estos procesos músculo-esqueléticos que prácticamente afectan todo el cuerpo con contracturas musculares generalizadas y con la consiguiente sintomatología refleja, pueden derivar en desgarros, o, en el mejor de los casos, en una fibrosis con nódulos que alteran la estructura muscular; o como una simple y común acidez de estómago que puede terminar en una úlcera si unicamente enfocamos el síntoma y lo tratamos con antiácidos, sin intentar ver que hay detrás de esa acidez.
Este cuerpo vivo, tan distante de aquel que estudiamos en las mesas de disección, es un ser
que habita el lenguaje, sus placeres y/o sufrimientos están relacionados con una historia particular
y sus fantasmas.
Debemos considerar que una fractura no es sólo una fractura, que una contractura no es sólo
una contractura. Algo ha ocurrido, algo no ha sido dicho o expresado, algo de esosilenciado habló a través del cuerpo.
Ésto es claramente comprobable en la evolución de los tratamientos, cuando, ante una misma terapia, el paciente luego de haber sido “tocado” por la palabra, produce un cambio en su recuperación. Algo que nunca tenemos en cuenta: el valor terapéutico de la palabra. No es necesario ser psicoanalista para escuchar, establecer ese estado de transferencia paciente-profesional, que generará la palabra.
Creo, también, que deberíamos reflexionar sobre esos pacientes que no siguen las indica-
ciones dadas por el profesional, o lo que es peor, hacen todo lo contrario. Es decir, hacen lo que saben que no deben hacer porque les es perjudicial, y lo que les fue indicado como beneficioso
para su organismo o bienestar, no lo hacen.
¿Qué los impulsa a estas actitudes negativas, nocivas? Evidentemente no es consciente,
hay algo inconsciente que lo lleva a la destrucción, al daño.
El bronquial fumador, el artrósico obeso, etc.: ¿autocastigo? ¿desvalorización?. Repito:
no somos psicoanalistas pero, como profesionales de la salud es nuestra obligación escuchar, orientar, aconsejar, sabiendo que tratrar el síntoma no soluciona el problema, es sólo un paliativo.
Estos tiempos que vivimos, esta era de la globalización nos lleva a situaciones de ten-
sión, constantes cambios, con la consiguiente adaptación que provocan cansancio, agotamiento, tras repetidas descargas de resistencia y lucha por mantener el nivel.
El cuerpo será receptor de esa vida psíquica presionada, traccionada por el alto nivel de
competitividad social y laboral. Situaciones de angustia y tensión que el sujeto deberá sostener con el cuerpo y con la consiguiente descarga sobre los órganos y sistemas, provocando alteracio
nes en su función y estructura.
La medicina actúa sobre el síntoma con fármacos y/o terapias que tratan de silenciarlo lo
mas rápido posible.
Si tenemos en cuenta que el síntoma está en relación con el deseo inconsciente reprimido, silenciándolo sólo postergamos o dilatamos la aparición de éste, u otro síntoma, que se manifestará por desplazamiento.
Lo que quiero expresar, transmitir, es mi experiencia de casi 40 años de profesión.
Cuarenta años de ejercicio profesional donde además de las terapias kinésicas siempre traté de establecer ese vínculo transferencial con el paciente, por suerte, lográndolo en la mayoría de los casos, y comprobé el valor terapéutico de la palabra, el cambio que se produce en la evolución del
paciente cuando esa palabra “llega, toca, y transforma”.
“La salud es el silencio de lo orgánico”
“Prevenir antes que curar”
Publicado en la Revista Científica nº 11 del Colegio de Kinesiólogos de la Pcia. de Bs. As. - Año 2004 -

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