Estas líneas están destinadas a mis colegas, a todos los profesionales en el arte de curar y al público en general.
Quiero expresar mi sentir y manera de pensar, son opiniones, que aunque creo compartidas, están formuladas a título personal, y no comprometen de ningún modo a las instituciones profesionales que presido y/o pertenezco.
Me motiva el hecho que en los 20 años de ejercicio profesional he tenido que luchar siempre (como todos mis colegas) contra la ignorancia y total desconocimiento de la Kinesiología, no sólo a nivel de público en general, que sería , si no aceptable al menos comprensible, si no en las profesiones de las ciencias médicas, lo que ya considero inadmisible.
La Kinesiología, profesión universitaria liberal, que actúa en colaboración y no dependencia con el médico, es una especialidad en el arte de curar; y los kinesiólogos son profesionales de la salud, como lo son el médico, el odontólogo, el farmacéutico, el bioquímico, el psicólogo, etc. Todos componentes de un equipo, cuyo eje central es el paciente, y nuestra única misión es la de velar por su restablecimiento, y no pueden existir otros intereses que predominen sobre ese noble y fundamental principio.
No caben aquí celos, egoísmos o sentimientos que no estén claramente orientados hacia ese fin primordial.
Cada carrera tiene su función específica, autónoma y conoce sus alcances y limitaciones.
Todas son profesiones liberales, pero dentro de sus límites legales y deontológicos. A nadie se le ocurre, aún dentro de la misma profesión, exceder los límites de su especialidad; un traumatólogo no operaría una catarata, ni un gastroenterólogo haría una osteotomía de cadera.
Por supuesto no hace falta hablar de otras profesiones, aún dentro del área de la salud. Ningún profesional, que no sea odontólogo, piensa hacer una extracción dentaria, o practicar un tratamiento de conducto.
Creo que los ejemplos son lo bastante claros e ilustrativos como para ser necesario insistir sobre el tema. Como reza el viejo refrán: “…zapatero a tus zapatos….”
Pués no sé que pasa con la Kinesiolgía ya que todo el mundo se cree capacitado y con derecho a ejercerla.
Desde el profesional médico (no kinesiólogo) hasta la señora del barrio, pasando por cosmetólogas, pedicuros, enfermeras, profesores de gimnasia, etc. etc. hasta los famosos “masajistas” (?) – título que sólo existe en academias que funcionan por el beneplácito y blanda flexibilidad de las leyes y/o autoridades argentinas, que deberían controlar más estrictamente el ejercicio ilegal.
La ciencia, en este caso particularmente, la del arte de curar, debe y tiene que ser aplicada sólo por los facultativos, que son los únicos deontológica científica y legalmente capacitados.
Facultativo es, no sólo aquel que ha cumplido con todos los estudios y requisitos necesarios para ese fin, sino el que ha adquirido la responsabilidad, la conciencia profesional y el sentido ético-moral, que sólo se logra a través de largos años de estudio, con las normas y prácticas que se adquieren al cursar una carrera universitaria, único medio que puede dar las bases deontológicas profesionales imprescindibles, protegido y reprimido por las leyes y el código penal que marca y reglamenta los límites y las atribuciones.
La Kinesiología no puede ni debe ser aplicada a ciegas por idóneos empíricos, con sólo la habilidad manual de un mecánico, sin conocimientos científicos. Como tampoco debe ser ejercida por quienes, con base científica, carecen de la preparación técnica específica que solo se adquiere estudiando Kinesiología.
Aquí cabe reflexionar, también, sobre las jefaturas de servicios de Kinesiología.
Por ilógico que parezca, en muchos casos dichas jefaturas están ejercidas por profesionales no kinesiólogos.
Mal podemos indicar, controlar u opinar sobre un tratamiento o determinada técnica, si no estamos debidamente capacitados para tal fin. Caemos así, en ese antiguo y sabio adagio: …”el que sabe, sabe, y el que no, es jefe…”
Creo que fundamentalmente son dos las causas que llevan a esta situación. Por un lado, el desconocimiento del valor y ubicación del kinesiólogo en el plan terapéutico. Se nos sigue identificando con la masoterapia – un punto, una bolilla de una materia en toda la carrera –
seguimos siendo “masajistas”.
Así como el actual doctor en Odontología tuvo sus orígenes en el “barbero sacamuelas”, el kinesiólogo universitario actual ha tenido su antecesor en los empíricos “masajistas”.
Pero esto ya es arcaico, sin negar el valor de la masoterapia (debo aclarar que las técnicas han variado mucho en los últimos tiempos), insisto que es sólo una pequeña parte de todos los agentes y maniobras terapéuticas que utiliza el kinesiólogo.
El hecho de no conocer los alcances de la Kinesiología, hace que se siga pensando que sólo actúa en clubes de fútbol o masajeando boxeadores.
Se ignora por completo la participación en terapia intensiva, o en rehabilitación cardiovascular, en el gran quemado, en neurología y en casi todas las especialidades de las ciencias médicas.
La otra parte, a la que hice referencia, es la de los profesionales médicos. Aquí el tema es más delicado de tratar, ya que además de los puntos mencionados de desconocimiento (que se dá en muchos profesionales) existe un factor económico, que pesa mucho y fuerte.
Un hecho realmente alarmante es la desjerarquización de la carrera. Para que una profesión aspire a un lugar de jerarquía y prestigio, debe comenzar por las bases, con una buena capacitación en el alumnado que luego llevará a un buen profesional.
Hay muchos intereses creados que gravitan sobre este punto, hay muchas personas interesadas en transformar esta carrera universitaria en un simple cursillo, y esto no es nuevo. Lograron sacarle a la escuela de Kinesiología su espacio físico en la Facultad de Medicina, y trasladarla a un lugar en el Hospital San Martín, como un curso más. Luego vuelve a la Facultad pero ahora a los subsuelos donde toda la carrera se realiza en un pequeño espacio físico.
Hubo épocas en que el kinesiólogo argentino era modelo por su preparación teórico-práctico (hoy no estoy seguro). Lo hemos perdido, como tantas otras cosas buenas.
Recordemos que en Argentina no caben denominaciones foráneas como “paramédicos” que son enfermeros especializados estadounidenses que nada tienen que ve con nosotros.
El kinesiólogo es KINESIOLOGO.
Cuando la Patria vuelve, con fé, optimismo y esperanza a reencontrarse con la democracia, el honor y la verdad, creo que ha llegado el momento que esta profesión ocupe el lugar que le corresponde.
Todos estos años de luchas y esfuerzos bién valen el derecho a tener su propia facultad. Independizarse de la “tutela maternal” de Medicina, como lo han hecho en su momento Farmacia y Odontología.
Permítasenos tener un claustro donde podamos – los kinesiólogos – capacitar realmente a los futuros profesionales que serán el orgullo de esta hermosa Patria.
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