MAESTRÍA EN MEDICINA PSICOSOMÁTICA
MONOGRAFÍA 1er. AÑO
EL CUERPO, EL OTRO
Noviembre 2003
 

La precocidad del nacimiento del cachorro humano, la prematuración, determina la dependencia, esa fusión madre-hijo. Su cuerpo y el de la madre son el mismo cuerpo. La aparición de una tercero, otro cuerpo, cambiará la relación, se produce la partición, la disociación. Ese momento que debe atravesar el cachorro humano, ese pasaje entre la Naturaleza y la Cultura, es determinante para la formación del Yo e integración corporal. Una falla en esta fase dejará una marca que será leída a posteriori (aprés coup).

En el discurso de los pacientes percibimos una fragmentación del cuerpo y una desvinculación de su Yo, una extranjerización. El cuerpo es otro.

“Estos intestinos me vuelven loco”

“ Este estómago me está matando “

“La espalda no me deja dormir”

Como si el cuerpo, todo el organismo se escindiera, se fragmentara, como si tuviera vida propia. Una desintegración psicosomática.

En esos casos en que el paciente no sigue las indicaciones dadas por el profesional, o lo que es peor, hace todo lo contrario, es decir, hace lo que sabe que no debe hacer porque le es perjudicial, y lo que le indicaron como beneficioso para su organismo o bien-estar no lo hace; siempre pensé en un caso de masoquismo, el inconsciente insiste, por eso la tendencia a repetirse, a enfermar; pero ahora, enfocándolo así, desde “el cuerpo es otro”, puedo pensar en sadismo.

La identificación con otro ser viviente es lo que permite que el cuerpo encuentre su lugar: “El cuerpo nace mirándose al espejo”.

Hay por un lado, un organismo discordante, prematuro, siempre al borde del despedazamiento, y por otro, una unidad tranquilizante lograda por un cuerpo organizado por la imagen.

Si el cuerpo es un atributo, no es nuestro ser mismo; y como sujetos del significante estamos separados de él y hasta podemos hacerlo prescindible; hasta que el lenguaje nos lo atribuye y unifica. Es evidente que la falla en estos pacientes que “sus órganos no los dejan vivir”, está en el Estadío del Espejo, ese estadío primordial de comunicación entre la madre (función madre) y el cachorro humano.

Este sujeto escindido, fragmentado, se ajusta al modelo de “máquina” que nos presenta la medicina científica. Se encara lo orgánico como un conjunto de piezas anatómicas con funcionamiento autónomo, llegando a la paradoja, que aún luego de haber estudiado en fisiología el “funcionamiento” de los sistemas y su interrelación, en la práctica se enfocan los órganos casi aisladamente: corazón, estómago, bronquios, etc. Por supuesto, sin siquiera pensar en el psiquismo.

En las afecciones músculo-esqueléticas, de difícil comprensión, y cada vez más frecuentes en individuos jóvenes y con síntomas más floridos, vemos que la medicina lo “resuelve “ con antiinflamatorios, miorrelajantes, y en el mejor de los casos, rotulándolo como “nervioso”, pero sin la derivación correcta.

Estos procesos, que prácticamente afectan todo el cuerpo, ya que pueden manifestarse con contracturas musculares en todo la columna con la consiguiente sintomatología refleja; o desgarros, esguinces, luxaciones, fracturas, etc. En un principio podríamos pensar que estas afecciones, por sus manifestaciones, corresponderían más a una neurosis histérica ; pero así como el aparentemente simple y común ardor o acidez de estómago puede terminar en una úlcera, una contractura muscular puede terminar en un desgarro o, en el mejor de los casos, en fibrositis con nódulos que alteran la estructura muscular, determinando su ingreso a la Psicosomática.

Este cuerpo vivo, tan distante de aquel que estudiamos en las mesas de disección, es de un ser que habita el lenguaje, y sus placeres y/o sufrimientos están relacionados con una historia particular y sus fantasmas.

Debemos considerar que una fractura no es sólo una fractura, que una contractura no es sólo una contractura. Algo ha ocurrido. Algo no ha sido dicho o expresado, algo de eso silenciado habló a través del cuerpo. Ësto es claramente comprobable en la evolución de los tratamientos, cuando ante una misma terapia, el paciente, luego de haber sido tocado por el significante, produce un cambio en su recuperación.

Estos tiempos que vivimos, esta era de la globalización nos lleva a situaciones de tensión, constantes cambios, con la consiguiente adaptación, que provocan cansancio, agotamiento, tras repetidas descargas de resistencia y lucha por mantener el nivel. El cuerpo será el receptor de esa vida psíquica presionada, traccionada por el alto nivel de competitividad social y laboral. Situaciones de angustia y tensión que el sujeto deberá sostener con el cuerpo, con la consiguiente descarga sobre los órganos y sistemas, provocando la alteración en su función y su estructura.

La medicina actúa sobre el síntoma con fármacos que tratan de silenciarlo lo más rápido posible. Si tenemos en cuenta que el síntoma está en relación a un deseo inconsciente reprimido, silenciándolo sólo postergamos o dilatamos la aparición de éste u otro síntoma que se manifiesta por desplazamiento.

La SALUD es el silencio de lo orgánico, equilibrio que se logra considerando el valor terapéutico de la palabra, ese significante que toca el inconsciente, modificándolo y posiblemente previniendo una lesión.

“Prevenir antes que curar”

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Luis Alberto Madormo
Kinesiólogo-Fisiatra
M.N.1074 - M.P.328

centrokinesico@ciudad.com.ar
www.centrokinesiconorte.com.ar
 
 
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