En Occidente estudiamos al ser humano desde un punto de vista anátomo-fisiológico, considerando y aceptando lo que vemos macro y microscópicamente; y un poco como Santo Tomás nos cuesta aceptar lo que no vemos.
La medicina ortodoxa, por ejemplo, se resiste a considerar lo que en quiropraxia llamamos “disfunción vertebral”, ya que ese milimétrico “desajuste” de las carillas articulares vertebrales no es visible en los estudios radiográficos; y comprobamos, luego de una consciente inspección y correcta maniobra de ajuste, el resultado, a veces espectacular, con el alivio inmediato de los síntomas del paciente.
Algo similar ocurre con la Bioenergía. El término Energía con que traducimos lo que en la India se denomina Prana, en China –Tch`i y en Japón Ki, quizá no sea el más correcto, ya que en Occidente el concepto de este vocablo, energía, está asociado a algo más material, y menos amplio; podríamos decir más industrial.
La Energía a que nos referimos es algo más sutil, vital, que está presente en el aire, sin ser ni oxígeno, ni nitrógeno. Existe en los alimentos, en el agua, en la luz solar.
No es una vitamina, ni calor, ni rayos ultravioletas. Podemos decir que el aire, el agua, los alimentos sirven de vehículos a la Energía. Es universal, y la primera manifestación del Universo. La Energía es vida.
Leemos en los antiguos textos de medicina tradicional china, escritos miles de años antes de nuestra era: “La sangre circula siguiendo la Energía; si la Energía circula, la sangre circula; si la Energía queda retenida la sangre se detiene”.
Podemos hablar de una Energía Universal indiferenciada, y otra energía diferenciada como la hallamos en la electricidad, magnetismo, en la gravitación, etc.
Cuando nombramos a la Energía con mayúscula, nos referimos a la Indiferenciada, Energía cósmica; o sea que estamos inmersos en un mar de Energía; y podemos afirmar, con los yoghis, que la capacidad de atraer, acumular y transformar esa Energía, es lo que caracteriza la vida.
Asimismo, es la Energía la responsable de todos los ciclos que caracterizan al mundo orgánico; el reverdecer de las plantas en primavera, la reproducción; está presente en todos los fenómenos naturales, mareas, tormentas, etc. Por lo tanto, la salud, y porque no la vida, dependen de un justo balance y equilibrio energético.
Hace ya algunos años, los científicos lograron comprobar y medir la electricidad en el cuerpo humano. Con la utilización de un galvanómetro ultrasensible, y uniendo con un hilo muy delgado de cobre dos puntos de acupuntura en la pierna de un individuo, comprobaron el paso de corriente continua.
Numerosos estudios posteriores permitieron demostrar, además de la existencia y función de los meridianos y puntos de acupuntura, que en individuos de salud normal, la carga eléctrica promedio es de 8 milésimos de miliamperios (8 microamperios). En las personas fatigadas esta carga disminuye a 1 ó 2 microamperios; mientras que en los sobreexcitados llega a 15 microamperios.
Esto nos demuestra la validez de la frase: “cargar las pilas”. Incluso podemos pensar que los sobrexcitados y nerviosos corren el riesgo de un “corto circuito”que dañe “toda la instalación”.
De hecho observamos a diario, como estos individuos en “corto circuito” deterioran todo su organismo; ya que al sobrepasar los límites de tensión todos los sistemas sufren. Léase gastritis, úlcera, infarto, derrames cerebrales, asma, psoriasis, lumbalgias, etc., etc.
Los geofísicos señalan que la Tierra es un conductor cuya superficie está cargada negativamente mientras que la alta atmósfera lo está en forma positiva.
La atmósfera, nuestro medio vital, se encuentra en un campo electrostático dirigido de arriba hacia abajo; con una diferencia de potencial aproximado de 100 a 150 voltios por metro de altura.
Lo destacable de este dato es que en Occidente se lo conoce desde no hace mucho tiempo, mientras que ya en los textos chinos sobre acupuntura, escritos de hace más de 3000 años, se hace mención a las fuerzas dirigidas de arriba hacia abajo. En ellos se describe al Yang como una fuerza positiva, y atribuyen su origen al Sol y a los astros. Y mientras que la energía negativa Ying tendría su origen en la Tierra.
Es realmente asombroso e intrigante pensar como descubrieron, 28 siglos antes de la era Cristiana, que el Yang, la Energía positiva, liviana, pura y ligera, se encuentra arriba, “en el cielo”, mientras que la Energía Ying, pesada, espesa y negativa, se halla en la Tierra.
Asimismo descubrieron y explicaron que toda la vida depende de ese equilibrio.
Según la medicina tradicional china la Energía en el hombre proviene de tres fuentes diferentes. En primer lugar la Energía ancestral, heredada de nuestros padres, en el momento mismo de la concepción. En segundo lugar la Energía que proviene del aire que respiramos, que, como hemos dicho, además de los contenidos materiales conocidos, es el vehículo transportador de esa Energía vital. Por último, en los alimentos encontramos la tercera fuente de Energía.
Por ejemplo, los vegetales reciben la Energía Yang que proviene del Sol y el aire, y, a su vez, reciben Energía Ying de la Tierra; como vemos el equilibrio es perfecto.
Aún, al ingerir carne animal, estos se han alimentado de las hierbas que realizaron ese proceso descripto. Y se cierra el ciclo cuando los desechos de esos animales vuelven a la tierra para nutrirla.
Todo esto, por supuesto, ocurre en el estado natural; y se altera sustancialmente cuando interviene el hombre contaminando o alterando lo que la Naturaleza sabia ha creado.
De lo dicho deducimos la importancia, y el papel decisivo de la Energía en la vida. De su equilibrio y balance entre la Energía positiva (Yang), y la negativa (Ying) depende la salud.
Al hablar de salud lo hago en el sentido holístico, refiriéndome al equilibrio psicosomático; ya que también depende de él la armonía espiritual, que nos permite disfrutar plenamente de los sentimientos y goces de la vida.
A diario observamos individuos nerviosos, agresivos, descontentos, que transitan por este mundo malhumorados y disconformes, generando ese ambiente cargado de sentimientos negativos.
También esto se debe a un déficit, o desbalance energético.
En el ser humano la Energía circula dentro de un circuito cerrado, por canales o conductos que los chinos denominaron Ching, y que fue traducido en occidente como Meridianos. Traducción discutida, ya que meridiano es una línea imaginaria, y el Ching de los chinos es algo real; un conducto por donde circula el Chi, la Energía.
No entraré en detalle sobre el tema de la circulación de Energía en el hombre por lo extenso y complejo; lo que sí quiero resaltar es que el estrés, las tensiones y los movimientos bruscos, producen pequeñas induraciones en el trayecto de los meridianos entorpeciendo la libre circulación energética. Es como si colocáramos un adoquín sobre una manguera.
Es por este motivo que los pacientes tensos y contracturados, manifiestan siempre sentirse en un estado constante de cansancio y agotamiento; hecho que se revierte al hacer un correcto tratamiento fisiokinésico para “liberar y abrir” esos meridianos obstruidos.
En la atmósfera encontramos dos tipos de iones. Los pequeños iones negativos o normales, muy activos eléctricamente que proporcionan Energía a los átomos de oxígeno. Y el otro tipo lo constituyen los grandes iones o iones lentos. Estos, más gruesos y pesados hacen de “cazamoscas”, ya que atraen y aglutinan a los pequeños, inmovilizándolos.
La concentración de ambos iones es inversamente proporcional. En el campo, donde el aire es puro, encontramos uno, dos y hasta tres iones pequeños por cada grande, mientras que en las grandes ciudades la proporción es de un pequeño contra 250 ó 300 grandes, y en lugares muy contaminados se ha llegado hasta 600.
Considerando que la proporción de oxígeno es la misma en las ciudades que en el campo, es fácil deducir que lo que hace que el aire de las grandes ciudades sea menos tónico y vivificante es el predominio de los grandes iones sobre los pequeños que transportan Energía.
Por supuesto que las emanaciones tóxicas fabriles, los escapes de los automotores ydemás factores contaminantes, aumentan considerablemente esta pérdida de Energía en el aire que respiramos.
Ionizar negativamente los átomos de oxígeno, es agregarle Energía, y esto se produce por influencia de importantes fuentes de Energía.
La principal fuente de iones negativos vitalizantes está constituída por las radiaciones electromagnéticas de corta longitud de onda, que provienen del Sol, inigualable fuente generadora de Energía.
Enormes cantidades de iones vitalizantes se producen por las grandes masas de agua en movimiento, o durante la evaporación. Por esta razón es tan vitalizante el clima marítimo, ya que reúne todas las condiciones; las grandes masas de agua en movimiento y evaporación, la acción del viento, ausencia de polvo, gases tóxicos y la ionización por el Sol y los rayos cósmicos. Además el caminar descalzos por la orilla del mar favorece la descarga a tierra. A tal punto, que para algunos organismos sensibles, resulta demasiado intenso éste proceso vitalizador, llegando al extremo de ser muy excitante, tornando el carácter irascible, nervioso y con alteraciones del sueño.
Por consiguiente, este clima de los llamados zona de gran clima, es el apropiado para las personas deprimidas y cansadas. Para aquellas de temperamento más nervioso es aconsejable las zonas de clima mediano, o pequeño. Son lugares más reparados, como valles y bosques, donde la vegetación hace disminuir la producción masiva de iones vivificantes.
Resumiendo, y como palabras finales, nuestro bienestar y salud psicofísica dependen del equilibrio energético; de ese balance y equilibrio entre la Energía positiva (Yang) y la negativa (Ying).
El exceso de una en detrimento o déficit de la otra marcan el desequilibrio que nos llevan a la enfermedad. De cada uno de nosotros depende, y es nuestra responsabilidad, el cuidar y mantener nuestro cuerpo sano. Lo que se logra con una alimentación natural, ejercicios físicos moderados, buena oxigenación, evitar tensiones y movimientos bruscos; y en lo posible “recargar las baterías” regularmente en las zonas de climas descritos.
No hace falta concurrir a playas exóticas con hoteles rimbombantes. Nada más que alejarnos un poco de las ciudades, y en algún bosquecillo, monte, arroyo, laguna, planicie arbolada; poner en paz nuestro espíritu y concentrarnos en esa recarga energética que tanto necesitamos.